Aunque su verdadero nombre era Ana María Gómez González, esta pintora nacida en Viveiro (Lugo) en 1902, se dio a conocer bajo el nombre de Maruja Mallo. Con 20 años se trasladó con su familia a Madrid, donde se formó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Allí coincidió con Salvador Dalí, que se encargó de presentarla en los círculos del surrealismo y de la Generación del 27. Entre sus primeros trabajos, Mallo ilustró algunas obras de Rafael Alberti. Tras conocer a Ortega y Gasset, comenzó a colaborar en la Revista de Occidente. De hecho, fue en la sede de esta publicación donde realizó su primera exposición individual.
En torno a los años 30 empezó a dejar de ser costumbre usar sombrero, que en la época simbolizaba el respeto y la tradición. El uso del sombrero indicaba decencia y honor, prenda que la mujer siempre debía llevarlo por puro decoro, tapando así su cabello. Maruja Mallo, junto con su amiga Margarita Manso ideó entonces una performance en la que se paseaban junto con otras mujeres (como María Zambrano – destacada filósofa de la de época) por la Puerta del Sol sin sombrero. Creó el movimiento de “Las sin sombrero”, gesto que repudió a la sociedad de aquella época además de recibir duras críticas por su “infame comportamiento”. Ese simple gesto fue un gran avance feminista al romper las normas sociales establecidas. En los años 30 viajó a París y a su vuelta en España, trabajó como profesora. Con el inicio de la Guerra Civil marchó a Argentina pero en los años 60 regresó a España. En 1982 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. La musa del surrealismo español fallece en Madrid el 6 de febrero de 1995.
Gracias Maruja Mallo por tu gran aportación artística y mental a España. Desde Asociación de Mujeres LiLuVa, recomendamos la lectura de “Las sinsombrero” de Tania Balló. La escritora da voz a través de sus letras a las grandes mujeres olvidadas de la generación del 27.
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